Los secretos de la diplomacia de Roca

 En el atardecer del miércoles 3 de agosto de 1899 hacía mucho frío en el dique 4 del puerto. Medio a desgano, los seguidores respondieron la arenga del viejo general Nicolás Levalle, cuando alentó a vivar al presidente. Es que Julio Argentino Roca partía rumbo al Brasil. Sería el primer presidente en ejercicio que visitaba dicho país.

Roca ya no era ese joven que a los 37 años había asumido por primera vez la presidencia del país. Ahora, con 56, y nuevamente en la Casa Rosada, ya era definitivamente “el zorro”. El mandatario era más tolerante y observador. Además, pensaba más de una vez antes de tomar una decisión. No en vano se había transformado en una figura central del proceso de consolidación del Estado nacional entre fines del siglo XIX y principios del XX.

Roca con Campos Salles

Roca junto Campos Salles. Parado junto a Roca, el canciller Alcorta y sentado, de bigote, Martín Rivadavia (Caras y Caretas)


Argentina estaba ante el complejo entramado de la deuda externa, que Roca delegó a su mano derecha. Carlos Pellegrini fue el encargado de negociar con los acreedores. Además de ese problema, existían cuestiones de política exterior que era preciso cerrar, como la cuestión de límites con Chile, la reanudación de relaciones diplomáticas con el Vaticano -rotas durante su primer mandato- y los roces con Brasil. También había dispuesto proseguir con los reclamos de soberanía por Malvinas.

Roca con Campos Salles
En su viaje hacia Brasil, hizo una escala en Uruguay. En la capital fue recibido por el presidente de aquel país (Revista Caras y Caretas)

Roca entendió que no le podía dejar la solución solamente a los especialistas en relaciones exteriores. Fue así que se involucró personalmente, inaugurando un nuevo estilo de gobierno: la diplomacia presidencial, ya que para él estos conflictos entorpecían los procesos de modernización del Estado y de desarrollo económico.

De la mano de su ministro de guerra, Pablo Riccheri, Roca modernizó el Ejército y adquirió armamento. También creó el Ministerio de Marina, a cuyo frente puso a Martín Rivadavia, y compró barcos, en un vasto plan que incluyó la ley 4031 del servicio militar obligatorio.

Chile venía de proclamarse triunfador en su guerra contra Perú y Bolivia y Roca era consciente de la situación irresuelta con ese país. Una de las cuestiones que se resolvería entonces sería la Puna de Atacama, un conflicto que se arrastraba desde el fin de la guerra del Pacífico, cuando aquel país ocupó tierras que estaban en disputa entre Argentina y Bolivia. A partir de un laudo celebrado en Buenos Aires entre el 1 y el 9 de marzo de 1899, Argentina terminó quedándose con el ochenta por ciento y Chile con el veinte restante del sector en disputa.




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