Club Español, un palacio con un genio alado en la cúpula y una réplica de la Alhambra en el subsuelo por Hugo Mouján

 

Club Español, un palacio con un genio alado en la cúpula y una réplica de la Alhambra en el subsuelo

El amplísimo salón Imperial en estilo rococó
El amplísimo salón Imperial en estilo rococóClub Español

Está emplazado en la calle Bernardo de Irigoyen 172, a pocos metros del cruce de la 9 de Julio y Avenida de Mayo, en el barrio de Monserrat. Es el colofón de un emblema asociativo de los españoles surgido a partir de la Batalla de Caseros, cuando el ejército de Urquiza derrotó a Rosas; resultado que permitió que los extranjeros tuvieran los mismos derechos civiles que los nacidos en el territorio.Tiene el señorío de ser el palacio porteño de la sociedad de emigrantes españoles más antigua del mundo. Por supuesto, en un país que recibió más de dos millones de viajeros de ese origen entre 1857 y 1955. Por tal linaje y porte extraordinario, el edificio del Club Español, que preside José Benito López Carballedo, fue declarado Monumento Histórico Nacional y Sitio de Interés Cultural por la Legislatura porteña.

El edificio del Club Español se inauguró en 1912, cuando aún no existía la Av. 9 de Julio.
El edificio del Club Español se inauguró en 1912, cuando aún no existía la Av. 9 de Julio.Colección Witcomb

Como los fundadores querían que fuera lujoso, que se constituyera en un centro intelectual y cultural con una vida social intensa; culminar semejante propósito demandó más de dos años de trabajo. En 1908 se adquirieron dos terrenos descampados y se aprobó el proyecto arquitectónico del arquitecto holandés Enrique Folkers, quien concibió la estructura en función de que el predio era angosto y profundo. Se cuenta que opinó: “Esto es como un barco”. Por este motivo, en el inicio de la Escalera de Honor hay una especie de proa naval, lo cual también se asocia a la idea de emigración.

El amplísimo salón Imperial en estilo rococó
El amplísimo salón Imperial en estilo rococóClub Español

Está emplazado en la calle Bernardo de Irigoyen 172, a pocos metros del cruce de la 9 de Julio y Avenida de Mayo, en el barrio de Monserrat. Es el colofón de un emblema asociativo de los españoles surgido a partir de la Batalla de Caseros, cuando el ejército de Urquiza derrotó a Rosas; resultado que permitió que los extranjeros tuvieran los mismos derechos civiles que los nacidos en el territorio.

Mariana Vicat, responsable de cultura de la institución, posa en la biblioteca
Mariana Vicat, responsable de cultura de la institución, posa en la bibliotecaHugo Mouján

Mariana Vicat, periodista, escritora y responsable de Cultura de la entidad, relató a LUGARES que “en 1852, en los inicios de la asociación forjada por iniciativa de don Vicente Rosa y Carim, siempre se pensó en disponer de un lugar de encuentro, de lectura, social, que permitiera tertulias con piano; pero también de asistencia a los más necesitados, un sentido de beneficencia que fue el germen del Hospital Español. Eran ciudadanos que se reunían en el contexto de la llamada Sala Española de Comercio y luego Casino Español. A medida que se incrementaron los participantes y teniendo intereses con distinto enfoque se dividieron formando entonces el club social, la cámara comercial y el hospital”.

La colectividad tuvo previamente una sede en la calle Victoria (actual Hipólito Yrigoyen) y Perú y recién en 1872 adoptó el nombre de Club Español. “En rigor, agregó Vicat, el edificio actual estuvo terminado en 1911, pero se inauguró en 1912 porque los dirigentes querían que coincidiera con el centenario de ‘La Pepa’, el nombre popular con que se llamaba a la primera constitución española aprobada en Cádiz durante la guerra de la independencia de la Francia napoleónica.”

Entre los jacarandás, tipas y palos borrachos del bulevar de la Avenida 9 de Julio se distingue la llamativa fachada de tres niveles donde se fusionan estilos de balcones, sobrerrelieves, mosaicos, luminarias, rejas, ventanas y arcos de medio punto y en forma de herradura.

Y en la cúspide, sobre una fulgurante cúpula cerámica de rojo cobrizo, se eleva la hidalga escultura de El genio alado, obra del escultor barcelonés Torcuato Tasso y Nadal (1852-1935), que se visualiza entre los tantos hermosos domos del centro porteño. Una mano de la talla levanta los laureles del triunfo y, durante muchos años, la figura enarbolaba en la otra mano un farol que se encendía en celebraciones de la colectividad o en fechas patrias.

A poco de ingresar otro asombro es la magnífica Escalera de Honor cubierta de una alfombra carmesí al modo del modernismo catalán. Las escalinatas se abren a derecha e izquierda hacia el primer piso donde rematan en esculturas de mármol muy valiosas: La Tradición, del catalán Agustín Querol y La Bailaora, del valenciano Mariano Benlliure. Mientras que en el medio se encuentra el altorrelieve La intelectualidad y el trabajo, del también catalán Miguel Blay y Fábrega.

Sin embargo, el tesoro arquitectónico y decorativo más curioso está en el subsuelo, donde en el pasado lejano había una pedana de esgrima. En un área de unos 220 m2 el Salón Alhambra reproduce sectores del gran monumento de Granada que fue ciudad palatina, fortaleza, casa real cristiana y es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El salón argentino de arte árabe lo diseñó el arquitecto español Francisco Villar junto a su esposa, la pintora francesa Léonie Matthis, ambos radicados en la Argentina. Cuenta con paneles decorativos y 18 pinturas al óleo de la artista, adheridas a la pared mediante la técnica conocida como marouflage. Uno de los frisos replica el icónico Patio de los Leones, que fue la culminación de la arquitectura nazarí.

“El Salón Imperial del primer piso −explicó Mariana− se llama así por el tipo de lámparas estilo palaciego realizadas en cristales checoslovacos de altísima calidad traídas de Europa. Además, tiene un escenario con vestuario para montar zarzuelas y obras de teatro, en tanto que las paredes lucen con decorados y los marouflages (algunos en el cielorraso) representan un homenaje a la hermandad hispano argentina, tema en el cual se hizo siempre mucho hincapié”. Funcionando como auditoriDesde luego, muy concurrido y prestigioso es el Restaurante Español, que satisface el paladar de quienes buscan lo auténtico de la cocina peninsular. Tiene capacidad para un centenar de comensales y funciona todos los días (mediodía y noche) en la planta baja, donde antiguamente había una sala de juegos con mesas de billar.o, en sus 260 m2 alberga hasta 280 espectadores.

En el segundo piso está el recinto más grande, la Sala Mayor unida a la Sala Roja, con capacidad para 380 invitados, donde ya desde un siglo atrás se empezaron a organizar los banquetes y las galas, así como los festejos cuando venían al puerto los cadetes del Buque Elcano de la Escuela de la Armada Española.


La escalera de honor, orgullo del Club Español

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