La mansión Zelaya Salas por Hugo Moujan para La Nación

 El barrio de Retiro preserva aún parte del corazón de la Belle Époque; tanto que otrora se ganó el elegante rótulo de la “París de América”. Fue en aquellos años dorados cuando la aristocracia mostraba su estirpe apelando a la arquitectura de líneas afrancesadas.




Precursor, don Luis María del Corazón de Jesús Saavedra Medrano compró en 1865 extensiones de tierra periféricas del trazado urbano principal que formaban parte de la quinta de los Estrada y en cuyo suelo crecían de modo anárquico los matorrales y las lluvias embarraban esos arrabales. Todos consideraron que era una mala inversión, pero él siguió su propósito.

Justo cuando la calle Carlos Pellegrini se precipita hacia el Bajo porteño con un pronunciado declive, cruzando la actual coqueta Arroyo, ahí sobresale la hermosa casona familiar de dos plantas rodeada de jardines y parque, con caballeriza, patio de carruajes e invernadero, que hizo construir el acaudalado hombre de negocios y hacendado.

Podría decirse que fue un visionario si describimos su entorno actual. Concluida en 1905, está rodeada por el lujoso Four Seasons Hotel, la Avenida 9 de Julio y el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco por detrás, junto a la capilla Sagrado Corazón de Jesús y compartiendo la manzana con la torre cilíndrica de 107 metros de altura conocida como “El Rulero” y llamada oficialmente Torre Prourban.


La mansión Saavedra Zelaya (por su esposa, María Dámasa Francisca Zelaya Salas, con quien tuvo 6 hijas y un varón) es donde, desde 1963, funciona el prestigioso “Lenguas Vivas”, acotada mención coloquial para hablar del Instituto Nacional del Profesorado en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”.


Fue creado el 10 de febrero de 1904 (continuador de la pionera Escuela Normal de Mujeres N° 2) gracias al decreto firmado en esa fecha por el presidente Julio A. Roca y su ministro de Instrucción Pública, Juan Ramón Fernández (de ahí el nombre completo del establecimiento). Sin dudas, es una verdadera academia de los idiomas.

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Fue la primera institución pública dedicada a preservar el conocimiento y formar profesionales en lenguas extranjeras para ejercer la docencia o el traductorado. Valga decir que entre sus docentes ilustres estuvieron la poetisa Alfonsina Storni y el magnífico Jorge Luis Borges (y su padre en la materia psicología).

Paula López Cano, quien es egresada de la institución, ejerce el rectorado por segunda vez; una elección que surge del voto del cuerpo docente de nivel superior. “Como somos la institución más antigua en Lenguas Vivas y en los comienzos no estaba formalizada la enseñanza de idiomas, las primeras profesoras habían hecho alguna capacitación localmente o en Europa y presentaban como currículum haber instruido a los hijos de determinadas familias reconocidas o se desempeñaron en embajadas”, asegura.

Ciertamente, cuando se piensa en los legendarios palacios escuela de Buenos Aires levantados con ese fin, el mejor ejemplo es el Instituto Bernasconi. Sin embargo, también sobresalen aquellos centros educativos que se alojaron en deslumbrantes moradas de la clase rica de antaño, como el Lenguas Vivas, que primero tuvo sus aulas en Esmeralda y Cuyo (hoy Sarmiento), pero un derrumbe vecinal afectó la estructura y hubo que mudarse.

El puma

La lujosa vivienda, de unos 60 m de frente y una superficie total de 3512 m2, tiene su puerta principal sobre Carlos Pellegrini 1455, arteria que antiguamente se llamaba Calle de las Artes dado que en su trayecto se concentraban talleres de artesanos talabarteros –que confeccionaban monturas y aperos– y plateros que producían piezas utilitarias (mates, espuelas, frenos de caballos, vainas de cuchillos) y ornamentales para las familias pudientes.









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