La columna de Bogani

 FRÁGIL 


Una persona camina por la calle con una remera blanca. No tiene dibujos. No tiene marcas. No anuncia una banda, una universidad ni una consigna política.

Dice una sola palabra.

Frágil.

Alguien sonríe con ironía. Otro piensa que es una ocurrencia ingeniosa. Hay quien supone que forma parte de una campaña publicitaria. Algunos desconfían. Otros apartan la vista, como si esa palabra pudiera contagiarse. 

El de la bici piensa: qué boludez, y sigue pedaleando con un alivio que no alcanza a comprender.

Una mujer siente un impulso extraño de abrazar a esa persona, aunque no sabe por qué.

Un hombre murmura que el mundo está perdido.

Dos adolescentes se ríen.

Un anciano vuelve a leer la palabra mientras recuerda algo que había conseguido olvidar.

La ciudad continúa haciendo ruido, pero alrededor de esa remera aparece un silencio que no estaba.

Porque nadie espera encontrarse con alguien que declare en público lo que todos intentan ocultar.

Frágil.

Dice algo mucho más difícil.

Dice aquello que compartimos.

Hay quienes necesitan burlarse. No porque sean crueles, sino porque la fragilidad ajena les recuerda la propia y eso resulta insoportable. El desprecio suele ser una forma elegante del miedo.

Otros inventan explicaciones. Una pérdida. Una enfermedad. Un duelo. Un diagnóstico. Les tranquiliza creer que existe una causa excepcional. Les cuesta aceptar que la fragilidad no siempre llega: muchas veces simplemente está.

También hay quienes bajan la cabeza y siguen caminando.

Son los que entendieron.

No miran la remera.

Se reconocen en ella.

Entonces ocurre algo inesperado.

La palabra deja de pertenecer a quien la lleva.

Empieza a caminar sobre el pecho de cada uno.

Tal vez por eso vivimos rodeados de armaduras, títulos, certezas, éxitos, músculos, opiniones y disfraces. No para demostrar fortaleza, sino para que nadie descubra la delicadeza con la que estamos hechos.

Bastaría una sola palabra para derrumbar el malentendido.

Frágil.

Y, sin embargo, quizá esa sea la palabra más valiente que una persona pueda llevar escrita sobre el cuerpo.


Guillermo Bogani

Comentarios