La historia del alfajor Jorgito y el misterio que rodea al chico de su envoltorio. Así nació la mítica golosina de Argentina.

 La historia comenzó en 1960, cuando Amador Saavedra compró una panadería ubicada sobre la calle Doblas, en el barrio porteño de Caballito. Allí empezó a fabricar alfajores que con el tiempo formarían parte de la vida cotidiana de los argentinos: Jorgito. Así nació un clásico de este país. 

El éxito fue tal que tomó una decisión poco habitual para la época, que fue la de abandonar casi por completo la elaboración de panificados para dedicarse exclusivamente a fabricar alfajores. Poco tiempo después se asoció con José Fernández, un joven de 30 años que trabajaba distribuyendo golosinas y productos alimenticios. Juntos impulsaron el crecimiento de la marca y trasladaron la producción a una fábrica ubicada sobre Virrey Liniers 2020, en Parque Patricios.

En aquellos primeros años, la producción era completamente artesanal. Los alfajores se envolvían uno por uno de forma manual y solo existían dos variedades: el clásico negro, bañado en chocolate, y el blanco, cubierto con merengue italiano. Con el crecimiento de la demanda llegaron las primeras máquinas, aunque algunos procesos, como la elaboración del merengue, continúan realizándose artesanalmente.

Durante sus primeros años, la empresa apuntó especialmente al público infantil. Sus productos comenzaron a venderse en colegios y, más tarde, llegaron a kioscos, mayoristas y cadenas de supermercados. Paralelamente, la marca apostó por la publicidad vinculada con el deporte, especialmente el fútbol y el automovilismo.

En 1994, la fábrica volvió a mudarse, esta vez a un predio más amplio ubicado sobre la calle Treinta y Tres Orientales, en el barrio de Boedo. Desde allí ampliaron el catálogo con los maxialfajores, los conitos, los triples, las bandejas de mini alfajores y otros productos, aunque los grandes protagonistas siguen siendo los tradicionales Jorgito negro y Jorgito blanco.

Actualmente, la empresa continúa en manos de las familias Saavedra y Fernández y emplea a unas 250 personas. Cada día produce entre 500.000 y 600.000 alfajores, elaborados casi en su totalidad con materias primas nacionales, con la única excepción del cacao.


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