Ensayo general
La vida no puede ensayarse.
No porque carezca de errores, vacilaciones o escenas mal resueltas, sino porque todo ocurre una sola vez. No existe otra vida con la cual comparar esta. No sabemos cómo habría sido si hubiéramos tomado aquella calle, aceptado aquel amor, pronunciado la palabra que callamos.
Vivimos sin versión anterior y sin versión siguiente.
Por eso cada decisión tiene algo de improvisación. Entramos en escena sin conocer del todo el argumento, olvidamos líneas, confundimos señales, amamos cuando no conviene y comprendemos casi siempre después.
Lo extraño es que vivimos como si estuviéramos preparándonos para una función futura. Como si más adelante fuéramos a estar listos. Más lúcidos, más valientes, menos torpes. Como si alguna noche se levantara por fin el telón y comenzara la vida verdadera.
Pero no hay estreno.
La función es esta.
El ensayo, con sus interrupciones, sus equivocaciones y sus momentos inesperadamente perfectos, es también la obra definitiva.
No queda otra.
Lo mejor realizado de nuestra vida no vendrá después del ensayo.
Es el ensayo mismo.
Guillermo Bogani
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