Diario el cimarrón

 



Editorial

 

 

“Coger el rábano por las hojas”

 

La expresión «coger el rábano por las hojas» significa interpretar o explicar las cosas al revés. Se utiliza cuando alguien se fija en detalles secundarios o irrelevantes en lugar de atender al tema principal, o cuando tergiversa intencionadamente una situación para desviar la atención hacia un sentido que no corresponde.

Esta metáfora proviene de la agricultura: para arrancar un rábano de la tierra, la parte valiosa es la raíz (el rábano en sí), mientras que las hojas son la parte más débil. Si intentas recolectarlo tirando de las hojas, estas se rompen. Por lo tanto, agarrarlo por las hojas. representa hacer las cosas de forma equivocada.

Eso nos lleva a pensar que lo que está a la vista no siempre es lo valioso, puesto que  lo valioso,  algunas  veces, se encuentra en lo profundo y debemos hacer el esfuerzo por encontrarlo. Sabemos que este tiempo es visual, por ello todo debe ser mejorado u ocultado: las personas se “esconden” detrás de operaciones o “mejoras” estéticas, los productos detrás de packaging, las empresas detrás de la publicidad, las emociones en las redes, en fin…  y detrás del esfuerzo por aparentar se esconde la vanidad: esa pretensión de ser admirado. Esto reconozcamos,  siempre estuvo presente en el hombre. Así leemos en el Eclesiastés (12:8-14)Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.”

La Inteligencia Artificial tan en boga por estos días, tiene una cara perversa al pretender falsificar personas, situaciones, se comporta de forma engañosa. Claro, aceptemos que todo esto confunde y quedamos atrapados en este fango donde solamente creemos en lo aparente. Algo parecido sucede en la política con esa máscara tan usada de la decencia y honradez, a la que ya nos tienen acostumbrados.  Con el deporte pasa otro tanto. Aquellos que disfrutamos el futbol en el patio del colegio y en un gol transpirábamos amistad, pertenencia, camaradería o más tarde cuando les compramos una pelota a nuestros hijos y tanto nos divertía  verlos jugar, pues  nos cuesta entender la tamaña mutación que invadió al deporte. Aquel deporte feliz hoy es un escenario maldito. Se convirtió en todo lo contrario a la caballerosidad: se inventa un penal, se hospitaliza al habilidoso, se recuerda a las madres de los jugadores con insultos y agravios, se agrede al himno del contrario. Leo en el diario que más de 1500 millones de personas siguieron el último mundial, y que el programa más visto es Gran Hermano. ¿Se perdió mucho por no decir todo?

Pensar que la finalidad (de nuestro tiempo) en esta tierra pasa solo por la felicidad es por lo menos idiota. (Persona corta de entendimiento, tonta, o engreída sin fundamento”).

Retomemos con humildad el camino que dejamos. La felicidad no es el fin, busquemos la paz del espíritu, que no nos hagan pelear ni nos dividan.

A aquel que nos dio la vida, no le importe nuestra ropa, ni nuestros argumentos, ni nuestras vanidades, ni  las hojas del rábano. Su interés, estoy seguro, está en el rábano, en nuestra esencia y en nuestra finalidad terrena. Lo que se ve finalmente es una tontería es un envoltorio: el regalo es otro.

 

Eduardo Agustín Gil

 

 

 

 

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