El dibujo como poema: rescatan el legado de la mujer que quedó “en los márgenes” de Jorge Luis Borges
A cuatro décadas de la muerte del escritor, su hermana Norah sigue acompañándolo de cerca; participa con sus obras de dos muestras, en el Recoleta y en el Museo Nacional de Bellas Artes.
“Hacía todo bien, tal vez no quiso opacar a su hermana”, fue el comentario que se escuchó el jueves pasado en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Los primeros visitantes a la muestra Borges: ecos de un nombre se referían a los dibujos que el famoso escritor realizó sobre un par de hojas cuadriculadas para acompañar su manuscrito de “Las ruinas circulares”. Y al hecho de que no se haya difundido tanto ese talento suyo para las artes visuales, que compartía con Norah.
Seguramente no buscó opacarla, pero lo cierto es que hoy el apellido Borges se asocia en todo el mundo con el autor de El Aleph y otras obras magistrales de la literatura universal, quien protagonizará varios homenajes en 2026 para conmemorar las cuatro décadas de su muerte. La exposición del Recoleta, curada por Rodrigo Alonso, Daniel Fischer y Maximiliano Tomas y realizada en colaboración con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, incluye un retrato de María Kodama con pelo largo pintado por Norah en 1975 y algunas fotos familiares que muestran a los dos hermanos juntos.
No había rivalidad entre ellos”, asegura a LA NACION Pablo Gianera, uno de los expertos que colaboraron en la realización de esta muestra, quien considera a Norah como “una pintora extraordinaria”. Jorge Luis, agrega, “dibujaba muy bien, y son muy conocidos sobre todo los dibujos de tigres que hacía en su infancia. Pero después él siguió haciendo una gran cantidad de dibujos, muchos en los márgenes de los libros. Por ejemplo, hay una cantidad de compadritos dibujados por él. Que yo sepa, no tuvo una educación formal. Era un don natural”.
Era, además, un don compartido. “La mano traslada al papel un grafismo expresivo, un dibujo que es a la vez un poema”, escribió sobre las obras de Norah el arquitecto Alberto Prebisch en la revista Martín Fierro, en el número publicado en diciembre de 1926. Dos años menor que su hermano y fallecida en 1998, ella ilustró casi setenta libros. Incluido el primer poemario de Borges, Fervor de Buenos Aires (1923), pero también muchos de otros grandes autores como Victoria y Silvina Ocampo, Julio Cortázar, Eduardo Mallea, Rafael Alberti y Adolfo Bioy Casares. En 1940, año en que la revista Sur publicó “Las ruinas circulares”, ella aportó la imagen de tapa de La invención de Morel.
Casada con el ensayista y poeta Guillermo de Torre, realizó a su vez ilustraciones para revistas de vanguardia en España en los años 20, gracias a las cuales llegó a ser definida por los críticos de la época como “la pintora del ultraísmo”. Participó de importantes muestras en la Argentina y en Europa, donde en 1936 llegó a compartir sala con Pablo Picasso, Joan Miró y Salvador Dalí en el Jeu de Paume de París. Y si bien hay obras suyas en las colecciones del Museo Reina Sofía y del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), son muy pocas sin embargo las que se conservan en acervos públicos de nuestro país.

Hay dos dibujos suyos –Chico apoyado (1935) y Niña con guitarra (1947)- legados por Jorge Larco en 1968 al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), institución que le dedicó una retrospectiva curada por Sergio Baur durante el verano de 2020. A él pertenecen otras dos xilografías exhibidas allí mismo ahora como parte Itinerarios artísticos entre la Argentina y España (1880-1930), exposición que inspirará en agosto la gala anual organizada por la Asociación de Amigos del museo. Quiso el destino que, una vez más, Norah quedara muy cerca -apenas a una cuadra de distancia- pero “en los márgenes” del gran homenaje a su hermano.
“Nos gustaban las mismas cosas, excepto los compadritos”, asegura Norah en una entrevista con Juan Manuel Bonet publicada en el catálogo de la retrospectiva del MNBA, donde recuerda además que “en aquella época las chicas no íbamos a los cafés”. Sí participaba de los proyectos editoriales que difundían la vanguardia artística, estética y poética, con ilustraciones y textos publicados por Martín Fierro.
“Además de la producción artística, su actividad estuvo en el cruce de la crítica y el asesoramiento artístico, siempre de un modo silencioso y oblicuo, sin firmar sus textos ni figurar en la redacción –señalan en el mismo catálogo María Florencia Galesio y Paola Melgarejo, cocuradoras junto con Patricia Corsani de la muestra actual en el MNBA-. Sería una constante en su carrera, sus escritos aparecían con seudónimo o como textos anónimos, quizás, como decía su hermano, ‘para no alardear de escritora’, territorio que Norah consideraba propio de Jorge Luis”.
Fue ella también, agregan, la autora de la xilografía que “apareció junto a la ‘Proclama’ de los jóvenes poetas en el primer número de Prisma. Revista mural, publicación en forma de afiche que se realizaba en la casa familiar de la calle Bulnes. Norah podía observar desde la ventana a su hermano y a otros ultraístas salir por las noches a pegar la proclama por la ciudad, buscando llenar las calles de poesía (incluso una vez los acompañó). De nuevo, la vanguardia sucedía donde ella estaba. Al año siguiente, en 1922, sus grabados aparecieron en los primeros números de Proa. Revista de renovación literaria, fundada por Jorge Luis y amigos”.
Había una gran audacia detrás de aquella aparente timidez. “Borges cuenta que cuando eran chicos y vivían todavía en Buenos Aires, Norah era un poco más intrépida que él, más aventurera. Pero las diferencias de carácter entre ellos nunca derivaron en un problema”, destaca Gianera en referencia a esa etapa previa al viaje familiar que los dejaría anclados durante años en Europa. La Primera Guerra Mundial Mientras los sorprendió mientras buscaban tratamiento para su padre, que estaba casi ciego. En Suiza, país neutral, los hermanos descubrieron sus respectivas vocaciones.

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