Mientras los homenajes a Jorge Luis Borges dominan la agenda literaria, el aniversario de la primera novela de Arlt recuerda el peso de su rebeldía, su literatura marginal y el mito de un autor incómodo para la elite.
Este año se cumplen 100 años de la publicación de El juguete rabioso, la gran novela de Roberto Arlt. Pero la efemérides ha pasado un poco desapercibida entre los homenajes a nuestro máximo escritor, Jorge Luis Borges, en conmemoración de los 40 años de su fallecimiento. Un poco más de lugar tienen los recuerdos, muy aislados, del centenario de la obra fundamental de Ricardo Güiraldes: Don segundo sombra.
¿Por qué no hay lugar para Arlt? Confieso que, borgesiano al fin, la mayor parte de mi atención ha estado en participar en los homenajes a Georgie Borges. Pero a Arlt, no puedo ignorarlo, también forma parte de la biblioteca fundamental de la Argentina. Y más allá.
Carlos Fuentes afirmó que “la novela latinoamericana nace de una realidad desgarrada, urbana, violenta… en la que Arlt es uno de sus primeros testigos”. Entonces, ¿por qué no recordar al autor de Los siete locos?
Un rescate
Arlt nació en Flores en 1900, al comenzar el siglo, en una familia de inmigrantes pobres. Un padre alemán y una madre italiana. Siendo adolescente abandonó su casa y se fue a “patear la calle”. En 1942, cuando falleció, no parecía haber progresado mucho en la vida. A pesar que su nombre era más o menos reconocido entre algunos escritores, sus obras cosechaban elogios en el Teatro del Pueblo, fundado por Leónidas Barletta, y sus aguafuertes ayudaban, exponencialmente, a aumentar las tiradas del diario El mundo, la muerte lo encontró en una pensión de Belgrano. Su novela El juguete rabioso, había sido la única en tener una modesta segunda edición. Pero la muerte, lo borró del mapa literario.

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