Conversaciones con Fray Eusebio (10)

 


Padre, le acerco inquietudes de fieles que buscan su mirada objetiva y prudente. Por ejemplo ¿si un sacerdote se encuentra en situación de pecado esa misa es válida?

El pecado del sacerdote no afecta la gracia recibida por los fieles, la comunión sigue siendo verdadera. Existe un principio que dice ex opere operato que significa por el mismo hecho de realizarse. O sea la situación del sacerdote no quita la veracidad y dignidad del sacramento, puesto que el ministro es Jesús.

La iglesia no obstante vive un clima enrarecido por la liturgia. Se da una contradicción, se permiten bailes e incomposturas en iglesias y no se la condena, pero si son severos con la misa tradicional en latín. Yo solo puedo decir para no caer en desobediencia que eso debe reverse. Hay mucha salud en la tradición.

Días pasados fue público que en una iglesia dieron de comulgar a mascotas, vaya irreverencia. Tampoco estoy de acuerdo que se unan sacerdotes católicos al anglicanismo y bendigan conjuntamente. Por todo eso digo que vivimos momentos difíciles. Espero haber sido claro en la respuesta puesto que no quiero evadirla y ser útil al verdadero espíritu cristiano.

Agrego que el Novus ordo que significa nuevo orden (en contraste con el vetero ordo) se lo conoce como misa de Pablo VI, y fue promulgada en 1969 luego del concilio vaticano II. Este reemplaza a la Misa Tridentina. En el momento de la imposición del novus ordo trabajó con firmeza el cardenal Annibale Bugnini.

Mucha gente pide que no se pierda la tradición y que haya espacio para aquellos que vivieron la misa tradicional. En esto como en tantas cosas nos queda rezar para que la iglesia no sea lastimada. Otra cosa que quiero decir es que no es un tema menor. El vetero ordo pone más sentimiento y belleza y quienes la practicaron pretenden volver a ella o que se les permita. La agrupación de Monseñor Lefebvre solo pide eso, y pese a lo que parece un tema menor se cierne sobre él una atmósfera de cisma, por lo tanto deduzco que la tradición tiene más fuerza de lo que suponemos.

La misa es considerada como el acto más sublime, puesto que representa la renovación del sacrificio de Jesús en la cruz, por tanto no debe banalizarse, a veces no se corresponden con gritos y aplausos. La misa no es un entretenimiento. El papa Francisco decía que no se puede ir a misa con el reloj en la mano.

 

 

 

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