COMO DESAPARECER COMPLETAMENTE
Desaparecer no es irse.
Eso es lo primero que conviene entender.
Irse es todavía una forma de presencia: alguien se va de un lugar, de otro, deja un rastro, una dirección posible, una memoria reciente.
Desaparecer, en cambio, exige otra cosa.
Exige una renuncia más profunda.
No se trata de borrar las huellas —eso es imposible—
sino de volverlas irrelevantes.
Que lo que uno hizo, dijo o fue
ya no tenga la fuerza de convocar a nadie.
Desaparecer completamente
no es dejar de existir,
es dejar de ser esperado.
Hay quienes ensayan ese gesto
a través del silencio.
Otros, a través del exceso.
Hablan tanto, se muestran tanto,
que terminan diluyéndose
en su propia sobreexposición.
Pero el verdadero movimiento es más sutil.
Consiste en retirarse apenas
un paso antes
de que alguien nos nombre.
No estar cuando el recuerdo nos busca.
No responder del todo a lo que fuimos.
Convertirse en una forma leve
de la propia historia.
Ni negarla, ni sostenerla.
Dejarla caer
como cae una hoja
que ya no tiene árbol.
A veces
eso era lo único que hacía falta.
Guillermo J.L. Bogani
Edición y aporte conceptual Luis IA.
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