José Ortega y Gasset, filósofo: "La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es la suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser"
El pensador invitó a mirar la vida como un constante impulso hacia el futuro, asegurando que nuestro verdadero ser se construye más con lo que deseamos que con lo que hemos vivido
José Ortega y Gasset, el pensador español que marcó el siglo XX, dejó una forma muy particular de mirar la vida: como un camino lleno de encuentros inesperados con el futuro, más que como un simple recuento de lo vivido. Su frase resuena en la actualidad con una fuerza sorprendente. Y es que, tal y como aseguró, vivir no es acumular experiencias, sino proyectarse hacia lo que deseamos llegar a ser.
Desde sus primeras obras, insistió en que la filosofía no debía limitarse al análisis abstracto. La vida es acción, circunstancia y decisión. Su conocida afirmación de que "yo soy yo y mi circunstancia" explica por qué consideraba que el pasado no determina completamente quiénes somos. Somos, sobre todo, aquello hacia lo que nos dirigimos.
La frase sobre las "colisiones con el futuro" surge en un contexto europeo marcado por grandes cambios sociales y políticos, durante las décadas de 1920 y 1930. La modernidad traía consigo la expansión de las masas y la crisis de las tradiciones; muchos corrían el riesgo de convertirse en simples observadores de su propia existencia. Ortega buscaba despertar la conciencia de que cada individuo es responsable de su destino y que vivir implica enfrentar lo inesperado, tomar decisiones y asumir sus consecuencias.
Cuando habla de “colisiones con el futuro”, Ortega no se refiere a obstáculos inevitables, sino al impulso vital que nos obliga a actuar. El futuro no llega pasivamente, sino que nos golpea constantemente con la necesidad de elegir, de decidir qué hacer en cada instante. La vida, según él, no es un deslizamiento cómodo, sino un choque constante que nos empuja hacia delante.
Su idea de que la vida “no es la suma de lo que hemos sido” rompe con la visión determinista que sostiene que somos únicamente nuestros éxitos, errores o recuerdos. Ese pasado nos sirve como equipaje, pero no nos define de manera absoluta. Si así fuera, seríamos como piedras, objetos que solo existen sin transformarse. Los seres humanos, en cambio, construimos nuestra identidad día a día, proyectándonos hacia un futuro que aún no se ha materializado.Estas ideas tienen un eco particular en la actualidad, en una sociedad que se mueve a ritmo vertiginoso y enfrenta cambios continuos. Contra la parálisis que puede generar el pasado, Ortega nos invita a centrarnos en el presente y en nuestras metas futuras.
En el terreno profesional, su filosofía es especialmente útil: en un mundo donde empleos y roles desaparecen o se transforman a causa de la tecnología y la inteligencia artificial, no podemos definirnos solo por lo que hemos estudiado o hecho antes. Lo que nos define es lo que estamos dispuestos a aprender y a proyectar.
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