Frankenstein es una nueva adaptación de la novela de Mary Shelley, dirigida por el
ganador del Oscar Guillermo del Toro y estrenada en Netflix. Y tiene un elenco
encabezado por Oscar Isaac, acompañado de Jacob Elrodi, Mia Goth, Charles Dance
y el dos veces ganador del Oscar Christoph Waltz, entre otros
La historia, contada a modo de racconto desde
dos puntos de vista diferentes, se centra en Victor Frankestein (Isaac), un
científico que, en su ambición de revivir a los muertos, crea un monstruo (Elrodi)
formado de diferentes cadáveres al que rechaza, porque cree que carece de
inteligencia. Pero esta criatura, toma consciencia de su origen artificial, se
rebela y busca cobrar venganza persiguiendo a su creador hasta el Polo Norte.
En primer lugar, es necesario aclarar que
Guillermo del Toro era en teoría la persona ideal para adaptar esta historia, ya
que los diferentes tipos de relaciones entre los seres humanos y las criaturas
monstruosas es el común denominador en toda su carrera. Pero lo que prometía
ser la mejor adaptación posible de la obra literaria no terminó resultando, porque
en su afán de darle un tono épico al relato se toman decisiones desacertadas de
puesta en escena. Como por ejemplo extender el primer acto de forma innecesaria,
con una serie de escenas cuyas largas explicaciones científicas dispersan la
atención del espectador, demorando la creación del monstruo.
Aunque también resulta necesario destacar la
estética gótica, producto de la fusión entre la fotografía de Dan Lausten y el
diseño de producción de Tamara Teverel. Creando imágenes en las que la belleza
de los coloridos vestuarios y lujosos salones contrastan contra la fealdad de
esta criatura plagada de cicatrices. Que se diferencia claramente de la
caracterización icónica de Boris Karloff en la versión dirigida por James Whale
en 1931, no solo por cuestiones legales, sino porque intenta generar compasión
hacia un ser diferente en lugar de buscar generar terror en los espectadores
En conclusión, Frankenstein es una
película que no termina de cumplir con las altas expectativas que despertó,
teniendo en cuenta la influencia fundamental de la obra a lo largo de la carrera
de Guillermo Del Toro en la que pueden apreciarse un montón de referencias. Porque
en su afán de resultar políticamente correcto para adecuarse a los tiempos que
corren, le da a la historia una vuelta de tuerca innecesaria. Dando como
resultado una alegoría, cinematográficamente espectacular eso sí, sobre la
falta de empatía y las consecuencias de la discriminación a los aquellos que
son considerados diferentes.
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